La eterna sabiduría de la Biblia.
IMAGÍNESE que está visitando un museo lleno de obras antiguas. Casi todas están agujereadas, desgastadas y erosionadas. A algunas les faltan fragmentos grandes. Sin embargo, hay una que está increíblemente intacta. Su intrincado diseño se percibe en todos los detalles. “¿Es más nueva que las demás?”, le pregunta al guía. “No —responde—, es una de las más antiguas y nunca ha sido restaurada”. “¿Ha estado siempre guardada en algún sitio?”, dice usted. “No —contesta de nuevo el guía—, esta es la que ha soportado los peores embates del viento y la lluvia, y ha sido objeto de muchos actos vandálicos”. Entonces usted quizás piense: “Pero ¿de qué está hecha?”.
La eterna sabiduría de la Biblia.
IMAGÍNESE que está visitando un museo lleno de obras antiguas. Casi todas están agujereadas, desgastadas y erosionadas. A algunas les faltan fragmentos grandes. Sin embargo, hay una que está increíblemente intacta. Su intrincado diseño se percibe en todos los detalles. “¿Es más nueva que las demás?”, le pregunta al guía. “No —responde—, es una de las más antiguas y nunca ha sido restaurada”. “¿Ha estado siempre guardada en algún sitio?”, dice usted. “No —contesta de nuevo el guía—, esta es la que ha soportado los peores embates del viento y la lluvia, y ha sido objeto de muchos actos vandálicos”. Entonces usted quizás piense: “Pero ¿de qué está hecha?”.