El mundo puede caerse a pedazos, pero debemos aprender a no ser nosotros quienes nos derrumbemos. La fortaleza, la calma y la paciencia son virtudes complicadas de lograr pues, por lo general, las emociones y las pasiones nos ganan. Pero, que sean difíciles no significa que sean imposibles, ¡para nada!
La clave está en conocerse a uno mismo, saber qué cosas nos afectan más que otras, qué cosas nos cuestan más, con cuáles explotamos más fácilmente, etc... Lo primero es identificar el problema, la chamba comienza una vez que decides trabajarlo y te comprometes contigo mismo a cambiar actitudes.
Así que, primero: conócete. Segundo: define metas o hábitos a cambiar. Tercero: ¡a trabajarle! Créeme, con eso será más fácil que puedas conservar la calma en tiempos difíciles. Es un ejercicio de voluntad, paciencia y constancia como ningún otro pues no hay peor empleado que uno mismo hacía consigo mismo.
La clave está en conocerse a uno mismo, saber qué cosas nos afectan más que otras, qué cosas nos cuestan más, con cuáles explotamos más fácilmente, etc... Lo primero es identificar el problema, la chamba comienza una vez que decides trabajarlo y te comprometes contigo mismo a cambiar actitudes.
Así que, primero: conócete. Segundo: define metas o hábitos a cambiar. Tercero: ¡a trabajarle! Créeme, con eso será más fácil que puedas conservar la calma en tiempos difíciles. Es un ejercicio de voluntad, paciencia y constancia como ningún otro pues no hay peor empleado que uno mismo hacía consigo mismo.
El mundo puede caerse a pedazos, pero debemos aprender a no ser nosotros quienes nos derrumbemos. La fortaleza, la calma y la paciencia son virtudes complicadas de lograr pues, por lo general, las emociones y las pasiones nos ganan. Pero, que sean difíciles no significa que sean imposibles, ¡para nada!
La clave está en conocerse a uno mismo, saber qué cosas nos afectan más que otras, qué cosas nos cuestan más, con cuáles explotamos más fácilmente, etc... Lo primero es identificar el problema, la chamba comienza una vez que decides trabajarlo y te comprometes contigo mismo a cambiar actitudes.
Así que, primero: conócete. Segundo: define metas o hábitos a cambiar. Tercero: ¡a trabajarle! Créeme, con eso será más fácil que puedas conservar la calma en tiempos difíciles. Es un ejercicio de voluntad, paciencia y constancia como ningún otro pues no hay peor empleado que uno mismo hacía consigo mismo.